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10-11 de julio de 1906
El general salvadoreño Tomás Regalado invade Guatemala

Afiche celebrando la victoria guatemalteca de 1906
Publicado por "La Locomotora"
Imagen tomada de Wikimedia Commons
La vida política centroamericana de principios del siglo XX transcurría bajo la sombra de dos gigantes:  mientras que Guatemala y Panamá eran incondicionales del gobierno de los Estados Unidos (Panamá, de hecho, se independizó de Colombia gracias a la ayuda norteamericana y al interés del presidente Roosevelt para construir el Canal Interoceánico en ese país), el resto de naciones estaba aliado con el régimen autoritario del presidente Porfirio Díaz de México.  La fallida invasión del general Tomás Regalado a Guatemala, significó el fin de la influencia de Porfirio Díaz y el inicio de la dependencia hacia los Estados Unidos, algo que se ha mantenido hasta la fecha.  En el caso particular de Guatemala, con regímenes abiertamente pro-estadounidenses como los de Manuel Estrada Cabrera y Jorge Ubico, y luego con gobiernos colocados por Washington y retirados por medio de golpes de estado si las cosas no salían como lo necesitaba la política exterior estadounidense en su momento.
La relación entre Regalado y Estrada Cabrera no podía ser más tensa.  No solamente el estar aliados a diferentes potencias norteamericanas los distanciaba, sino que también el hecho de que Regalado había permitido a los exiliados guatemaltecos organizarse y llevara a cabo fallidas invasiones al territorio nacional.  Entre los exiliados guatemaltecos se encontraba José León Castillo y el ex presidente Manuel Lisandro Barillas, quienes eran enemigos personales de Estrada Cabrera. (A León Castillo le robó las elecciones de 1898 mientras que a Barillas lo persiguió enconadamente).  Ahora bien, Regalado no era el presidente de El Salvador, sino que era el hombre fuerte; es decir, era el verdadero gobernante aunque Escalón apareciera como la cabeza visible del Estado salvadoreño.
El 10 de julio de 1906, cansado de la ineptitud de los líderes guatemaltecos en el exilio, Regalado en persona encabezó una invasión a Guatemala.  Los escritores conservadores como Rafael Arévalo Martínez relatan que Estrada Cabrera entró en pánico y solamente pensaba en huir; pero los hechos fueron diferentes: con los institutos de educación media militarizados, tenía a su disposición numerosos hombres entrenados.  Los periódicos oficiales de la época (todos ellos aduladores del presidente guatemalteco) indican que fueron muchísimos los voluntarios que se presentaron para enrolarse en las filas castrenses, listo para defender al país.  Haciendo un balance de ambas versiones, se concluye que la movilización fue la que puede esperarse en un pueblo dirigido por un férreo gobernante.
Tras una escaramuza inicial en que resultó derrotado el ejército guatemalteco, Regalado ganó confianza y se puso al frente de sus tropas.  Cupo entonces la casualidad de que las tropas de refresco que había solicitado el ejército de Guatemala estuvieran vestidas de azul, como las invasoras, y no de caqui como el resto;  Regalado no se percató, y fue a colocarse justo en medio de las tropas guatemaltecas, que no tuvieron compasión de él.  Igual que como ocurrió con Justo Rufino Barrios el 2 de abril de 1885, las tropas invasoras se desbandaron tras la muerte de su caudillo y la invasión se dió por concluida. 

Tras esta fallida invasión se celebró el tratado del buque Marble-Head, en donde el embajador de los Estados Unidos dejó muy claro ante su homólogo mexicano, el escritor y poeta Federico Gamboa, que ahora eran los Estados Unidos los que controlaban la región.  Gamboa describe esto en su obra "Mi Diario", la cual copió textualmente Arévalo Martínez en "¡Ecce Pericles!"; pero su versión debe tomarse con cierto escepticismo, dado el interés que tenía el gobierno de Porfirio Díaz en derrocar a Estrada Cabrera.

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