12 de abril de 1839:
Golpe de estado de Rafael Carrera contra el gobernador Carlos Salazar

​Hoy en la Historia de Guatemala
General Rafael Carrera
Imagen tomada Wikimedia Commons
POST ANTERIORES
El 12 de abril de 1839 fue el último día en que los liberales impusieron su voluntad en Guatemala por mucho tiempo, ya que no recuperarían el poder sino hasta el 30 de junio de 1871.   Las fuerzas de Morazán que vencieron a Mariano de Aycinena en abril de 1829, hicieron lo que quisieron con la Ciudad de Guatemala , saqueando las propiedades de las órdenes religiosas y de los miembros de la  familia Aycinena  e instaurando un gobierno de tipo liberal que intentó romper con las tradiciones, cultura y -sobre todo- estructura social y religiosa del país.  La implementación de leyes civiles inspiradas en el código de Livingston -un jurista estadounidense de Louisiana- y la inclinación de las autoridades liberales por hacer negocios con familias inglesas fue aprovechada por los curas párrocos -que no habían sido expulsados junto con los frailes y monjes- para predicar que los liberales eran herejes.  Y los pobladores de Guatemala, especialmente los de las áreas rurales a quienes se les quería imponer el matrimonio civil y el divorcio -entre otras leyes totalmente novedosas para la época- poco a poco fueron aceptando lo que le decían los párrocos.
Retrato de Mariano de Aycinena
Publicada por "La Locomotora" en 1906
Imagen tomada Wikimedia Commons
En 1837 se desató una epidemia de cólera que fue la gota que derramó el vaso; los párrocos predicaron que la peste era provocada por el gobierno de Mariano Galvez para terminar con los católicos del país y con ello se iniciaron las revueltas en las áreas rurales.  En los combates poco a poco se fue destacando un joven campesino que vivía en Mataquescuintla, muy devoto de la religion católica:  Rafael Carrera.  El líder campesino y su esposa Petrona fueron feroces combatientes que arremetían con todo en contra de las fuerzas del gobierno.
Escudo del Estado de Guatemala
Bibioteca Nacional de Guatemala
Imagen tomada Wikimedia Commons
Gálvez, por su parte, viendo que poco a poco se iba incrementando el descontento popular no dudó en implementar políticas de tierra arrasada en el área del conflicto, algo que horrorizó a sus aliados liberales, entre ellos José Martín Barrundia, quien empezó a ver como lograba que se desconociera a Gálvez como gobernador del Estado de Guatemala;  Barrundia incluso llegó al extremo de pedir ayuda al mismo Carrera para derrocar a Gálvez. Tras varios sucesos de los que oportunamente hablaremos en este blog, Francisco Morazán impuso al salvadoreño Carlos Salazar como gobernador del Estado.  Salazar persiguió a Carrera y lo venció, dejándolo debilitado pero no derrotado. 

Salazar, a pesar de los consejos de sus asesores y aliados liberales no quiso perseguir más a Carrera; incluso llegó a dar muestras de que no le temía, aligerando las defensas de la ciudad de Guatemala.  Esta actitud de menospreciar al rival probó ser el acabose para los liberales:  enterado de las victorias de Morazán y el ejército salvadoreño contra la alianza de Honduras y Nicaragua, el 12 de abril de 1839, por la noche las fuerzas de Carrera llegaron a las puertas de la ciudad de Guatemala.  La narración que hace el historiador Federico Hernández de León de este hecho es insuperable, y la reproducimos a continuación:

"El 12 de abril de 1839 por la noche, Carrera se presentó a las puertas de Guatemala, como Alarico ante las puertas de Roma. Y el amanecer del 13 de abril se oyó un grito angustioso que decía: 

- ¡Los bárbaros de la montaña están en las garitas de la ciudad!

Carrera y su gente habían caminado toda la noche, esquivando los encuentros de particulares y, al clarear el alba, estaban en las lindes de la Parroquia Vieja y el Martinico, dirigiendo el ala hacia el barrio de Santo Domingo.  Eran muchos los que acompañaban al guerrillero; tipos de aspecto feroz; verdaderas hordas de salvajes, mal vestidos, de recias y escasas barbas, peludos y de mirar siniestro.  El que los dirigía, debía ser un tipo superior, que para manejar aquellos trogloditas se necesitaba de un corazón bien puesto y de unos hígados mejor puestos aún.

Sonaron los primeros tiros y los vecinos atrancaron sus puertas.  Los liberales despertaron en su lechos con la zozobra en el alma.

-¡Allí está Carrera! - gritaban azorados los tranquilos vecinos de casa a casa.

Unos se aventuraban a salir de sus domicilios, para dirigirse a carrera abierta, por el rumbo opuesto al que traían los invasores.  Otros, precipitadamente abrían hoyos en los patios, para guarder sus riquezas.  Y quiénes, con el espanto en la cara, subían a los cobertizos para guarecerse en los tapancos, en franca familiaridad con las ratas y las cucarachas.  Aquel despertar del 13 de abril, fue algo siniestro.

Don Carlos Salazar, el aguerrido militar que derrotara a Carrera en Villa Nueva, que tuviera a su cargo la jefatura del estado, que fuera por su condición el hombre público, la figura más significada, hizo un papel desairado.  Al enterarse que las hordas entraban por las calles, disparando sus fusiles y atropellando lo que encontraban, le entró lo contrario al valor y en vez de dirigirse a su cuartel y ponerse a la cabeza de sus hombres, arrimó nervioso una escalera a una de las paredes de su casa y, por los tejados, como un gato perseguido, se trasladó a otras casas de amigos y, luego, ridículamente disfrazado, dejó la ciudad y abandonó Guatemala."

Carrera quedó como amo y señor de la situación, y aunque no fue nombrado gobernador del Estado en ese momento, fue el verdadero gobernante, y lo sería hasta su muerte en 1865.