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Historia de Guatemala ​​

7 de julio de 1787
Fallece en Zaragoza el ex arzobispo de Guatemala Pedro Cortés y Larraz

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Grabado de la Catedral de Antigua Guatemala en construcción en 1676
Grabado de Antonio Ramírez MOntúfar y Luis Luján Muñoz
Imagen tomada de Wikimedia Commons
Fue don Pedro Cortés y Larraz uno de los arzobispos menos convencionales que tuvo la arquidiócesis de Guatemala durante la época colonial.  Al principio, no quería embarcarse para América, aduciendo que con las Reformas Borbónicas la situación de la Iglesia Católica era desastroza en las colonias (y no le faltaba razón: cuando las órdenes religiosas se vieron obligadas a entregar sus doctrinas -esto es, poblados indígenas y grandes áreas de producción- al clero regular en la década de 1760, la calidad de la doctrina católica se vino a pique).  Cortés y Larraz finalmente se embarcó y lo primero que hizo fue recorrer toda su arquidiócesis, labor que le llevó más de dos años y que publicó en 1770.  En dicha obra denuncia el estado caótico de las parroquias, algo que era de esperarse pues la preparación de los curas párrocos dejaba mucho que desear y los frailes mercedarios, franciscanos y dominicos habían tenido que hacerse cargo de las doctrinas hasta que les fueron arrebatadas por la corona.
Pero, como cosa curiosa, en 1773, cuando ocurrieron los terremotos de Santa Marta que destruyeron la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, Cortés y Larraz se aferró a la mitra, y se opuso enérgicamente a que se trasladara a la Nueva Guatemala de la Asunción la capital del reino, luego de los terribles terremotos de Santa Marta en ese año.  Tanto Cortés y Larraz como el capitán general Martín de Mayorga sabían que el traslado a una nueva ciudad significaría el fin para las órdenes regulares, pues ya habían perdido sus doctrinas, parroquias y sus haciendas, y ahora habían quedado severamente dañados sus monasterios principales.  Mayorga fue firme en el traslado y consiguió su objetivo, debilitando al clero regular de tal forma, que ya no se pudo recuperar cuando ocurrió la independencia en 1821.  De hecho, los jesuitas habían sido expulados de todos los territorios españoles por la Corona por medio de la Pragmática Sanción de 1767 y no regresaron a Guatemala sino hasta en 1850.
Cortés y Larraz se opuso al traslado hasta donde pudo; declarado en rebeldía, fue sustituido por el arzobispo Cayetano Francos y Monroy, quien apoyó el traslado a la Nueva Guatemala, y de su propio dinero proporcionó fondos para que se construyeran las nuevas iglesias y conventos.  El ex arzobispo huyó de Guatemala y regresó a España en donde fue nombrado obispo de Tortosa, mitra a la que renunció en 1786 por cuestiones de salud; se retiró entonces a su natal Zaragoza, en donde murió el 7 de julio de 1787, tan sólo un día después de haber cumplido 75 años de edad.

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